lunes, 29 de noviembre de 2010

CASA DE LOS BORBON

Casa de Borbón-Anjou

La rama de Bourbon-Anjou, castellanizada simplemente como Borbón, proviene de Felipe de Francia, duque de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, proclamado en 1700 rey de España con el nombre de Felipe V. Esta proclamación dio pie a la Guerra de Sucesión Española, contra el pretendiente de la Casa de Austria, el archiduque Carlos de Austria. Esta rama ha reinado en España de 1700 a 1808, de 1814 a 1868, de 1878 a 1931 y desde 1975, con Juan Carlos I.

Armas completas de la monarquía española desde Carlos III hasta Alfonso XIII (1761-1931)


Los Borbones españoles del siglo XVIII —Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV — llevaron a cabo una política de profundas reformas en todos los campos con la intención de colocar a España en un lugar destacado entre las potencias europeas. Felipe V fue ayudado primero por consejeros franceses, relevados pronto por españoles pertenecientes a la primera generación de ilustrados.


La política dinástica sostenida por Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, otorgó tronos en Italia a los hijos del matrimonio, dando origen a la rama Borbón-Sicilia. Los reinados de Fernando VI y Carlos III significaron la plenitud del reformismo. El agotamiento de los hombres y los programas ilustrados reformistas y la implicación de España en los sucesos internacionales ocasionaron una profunda crisis del Estado y de la dinastía, que llegó a su punto álgido en el enfrentamiento entre el rey Carlos IV y su hijo, el príncipe de Asturias y futuro Fernando VII.

Carlos IV de España (1789)


La conjura de El Escorial (1807) y el motín de Aranjuez (1808), promovidos por el círculo de Fernando contra el favorito de los reyes, Manuel Godoy, provocaron el derrocamiento de Carlos IV y la proclamación de Fernando VII. Estas alarmantes muestras de la descomposición de la dinastía sucedían en una España ocupada por las tropas de Napoleón I Bonaparte, en cuyos planes figuraba ya el destronamiento de los Borbones y la inserción de España en la órbita imperial.


El desprestigio de la familia real alcanzó su cima en las abdicaciones de Bayona, por las que Carlos IV y Fernando VII entregaron a Bonaparte sus derechos a la Corona de España, quien a su vez los transfirió a su hermano José.


A excepción de José I (1808-1813), de la Casa de Bonaparte, y Amadeo I (1870–1873), de la Casa de Saboya, todos los reyes y reinas de España de los siglos XIX y XX han pertenecido a la dinastía borbónica. Ésta se escindió en el siglo XIX en dos ramas rivales.


En 1830, y próxima la muerte de Fernando VII, el heredero legítimo era su hermano Don Carlos María Isidro de Borbón, pero una serie de maniobras del monarca, tras las cuales se hallaban los liberales, cambiaron la ley sucesoria para que pudiera reinar su hija de cuatro años, Isabel, desposeyendo a su hermano. Los Carlistas, opuestos ideológicamente a los liberales en cuanto al papel de la religión y el trono, nunca aceptaron la legalidad de estas maniobras, ni tampoco la sucesión femenina, escudándose en la Ley Sálica.

La Princesa Margarita de Borbón-Parma, Duquesa de Madrid (1847-1893), Reina carlista de España


La línea masculina proveniente de Don Carlos María Isidro se enfrentó a la línea reinante, proveniente de Isabel II y su marido, Francisco de Asís de Borbón, dando lugar a tres guerras civiles a lo largo del siglo XIX, las llamadas Guerras Carlistas. Los reyes de la dinastía carlista llegaron a ejercer el poder efectivamente en algunas zonas de España durante las guerras. Pero esta rama se extinguió en 1936. La mayor parte de los carlistas actuales reconocen como pretendiente a la Corona española a Carlos Hugo de Borbón-Parma, perteneciente a una rama colateral.


El 7 de julio de 1868 comienza la Revolución Española comandada, dirigida y acaudillada por Juan Prim y por Antonio de Orleans, duque de Montpensier, con la única finalidad de derrocar y derribar del trono a Isabel II, a pesar de que los reyes eran parientes sanguíneos del duque. La familia real parte al exilio instalándose en París. En 1870 Isabel II abdicó en favor de su hijo Alfonso XII.

Francisco de Asís de Borbón, Rey consorte de España y duque de Cádiz (1822-1902)


Estando en el trono el nieto de Isabel II, Alfonso XIII, se produce un contexto de crisis política y social, en que el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923, que fue respaldado por el rey al encargarle la formación de un gobierno. Primo de Rivera formó primeramente lo que llamó Directorio Militar y, posteriormente (1925), un Directorio Civil. Por la oposición creciente que generó el dictador, Alfonso XIII lo apartó del gobierno en 1930, nombrando presidente del consejo de ministros al general Dámaso Berenguer con la intención de retornar al régimen constitucional.


Tras la caída del dictador aumentaron las manifestaciones antimonárquicas, hubo pronunciamientos militares republicanos que fueron frustrados por el gobierno y en febrero de 1931 el almirante Juan Bautista Aznar fue designado presidente del consejo por Alfonso XIII. Su gobierno convocó elecciones municipales el 12 de abril de 1931. Al conocerse en las elecciones mencionadas la victoria en las ciudades de las candidaturas republicanas, el 14 de abril se proclamó la Segunda República. El rey abandonó el país ese mismo día, con el fin de evitar una guerra civil. Renunciaba a la Jefatura del Estado, pero sin una abdicación formal.


Victoria Eugenia de Battenberg, Reina consorte de España, esposa de Alfonso XIII


Juan Carlos I es hijo de Juan de Borbón y Battenberg, conde de Barcelona, y de María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Orleans. En virtud de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947, Juan Carlos fue propuesto como sucesor del dictador Francisco Franco a título de Rey, propuesta ratificada por las Cortes Españolas en julio de 1969.


Siguiendo las reglas dinásticas, la sucesión hubiera debido recaer en su padre, Juan de Borbón y Battenberg, tercer hijo y heredero del rey Alfonso XIII. Sin embargo, las no muy cordiales relaciones entre Juan y Franco determinaron el salto en la línea de sucesión y el nombramiento de Juan Carlos como Príncipe de España, título de nuevo cuño con el que Franco pretendía salvar distancias con respecto a la monarquía liberal. Dicho salto fue aceptado por el príncipe Juan Carlos, creando un conflicto interno en la Casa de Borbón. El Conde de Barcelona no renunciaría oficialmente a sus derechos sucesorios hasta 1977, cuando el reinado de su hijo y el fin del régimen franquista eran ya hechos consumados.


Juan Carlos I fue el sucesor designado por Franco para la Jefatura del Estado y luego de la muerte de éste (20 de noviembre de 1975) es proclamado Rey de España por las Cortes Españolas el 22 de noviembre de ese año. El 14 de mayo de 1977, su padre, el Conde de Barcelona, renunció a sus derechos dinásticos históricos y la jefatura de la Casa Real en la persona de Juan Carlos, una vez que hubo constatado la imposibilidad de acceder personalmente al trono. Con esta renuncia se reanudaba la dinastía histórica; y de esta forma, su nieto Felipe se convirtió en Heredero de la Corona y asumió el título de Príncipe de Asturias el 1 de noviembre de 1977, puesto que según la Pragmática Sanción de 1830, los derechos tradicionales de sucesión en el trono se transmiten con preferencia del varón sobre sus hermanas aun siendo éstas mayores en edad.



22 de noviembre de 1975: Jura de Juan Carlos I como Rey de España ante las Cortes

Los Reyes Borbones en España
  • Felipe V (1700–1746)
  • Luis I (1724)
  • Fernando VI (1746–1759)
  • Carlos III (1759–1788)
  • Carlos IV (1788–1808)
Primera Restauración Borbónica
  • Fernando VII (1814–1833)
  • Isabel II (1843–1868)
Segunda Restauración Borbónica
  • Alfonso XII (1875–1885)
  • Alfonso XIII (1886–1931)
Tercera Restauración Borbónica

  • Juan Carlos I (1975-Presente)

Pretendientes carlistas
  • Carlos María Isidro de Borbón como Carlos V (1833–1845)
  • Carlos Luis de Borbón y Braganza como Carlos VI (1845–1860)
  • Juan de Borbón y Braganza como Juan III (1861–1868)
  • Carlos María de Borbón y Austria-Este como Carlos VII (1868–1909)
  • Jaime de Borbón y Borbón-Parma como Jaime III (1909–1931)
  • Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este como Alfonso Carlos I (1931–1936)
  • Regencia de Javier de Borbón-Parma, (1936–1952)
  • Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza como Javier I (1952–1975)
  • Carlos Hugo de Borbón-Parma y Bourbon-Bousset como Carlos Hugo I (1975–presente)
Bandera tradicional carlista

sábado, 27 de noviembre de 2010

IMPERIO MEXICANO

EL SEGUNDO IMPERIO DE MEXICO

Al ser derrotados los conservadores en la llamada Guerra de Reforma decidieron buscar apoyo en las casas gobernantes europeas con el fin de instaurar en México un gobierno imperial afín a su ideología católica, con tal fin crearon una comisión que se dedicó a visitar las casas reinantes de europa con el fin de obtener apoyo a su causa. Por medio de la esposa española de Napoleón III de Francia contactaron con Maximiliano de Habsburgo quien mostró agrado en la empresa y después de obtener el beneplácito del emperador francés se embarcó en la aventura.
A Napoleón III de Francia le agradó la idea de crear un imperio en México y decidió apoyar a los conservadores enviando al ejército francés a invadir México, con el fin de establecer un gobierno pro-francés frente a los Estados Unidos. El ejército francés fue derrotado en la famosa Batalla de Puebla, pero al año siguiente regresaron y tomaron la ciudad de Puebla, y finalmente con el apoyo de los conservadores mexicanos tomaron la ciudad de México y con ello el poder instaurando la monarquía parlamentaria, declarando a Maximiliano I de Habsburgo emperador de México. La casa oficial del emperador fue el Castillo de Chapultepec, en el centro de la Ciudad de México.

Maximiliano I, Emperador de México
El II Imperio Mexicano sería más largo que el primero, de 1864 a 1867. El gobierno de Maximiliano, sin embargo, sorprendió a los conservadores. Él era un hombre ilustrado y moderno, mucho más cercano a los liberales mexicanos que a los conservadores, y pronto decepcionó a quienes le invitaron a aceptar la corona mexicana . Benito Juárez en ese entonces presidente constitucional, encabezó la lucha contra los invasores europeos, y en 1867 regresó a la Ciudad de México, habiendo derrotado a
Bandera del II Imperio Mexicano
 los conservadores y a los invasores. Maximiliano I de México fue fusilado, y el gobierno republicano reinstaurado.
En buena medida, la instauración de esta monarquía se posibilitó más por factores externos que por propios. Los planes de posicionamiento francés en ultramar aprovecharon el hecho de que los Estados Unidos de América se encontraban inmersos en la Guerra de Secesión, lo que garantizaba que éstos no estarían en posición de apoyar a los federalistas mexicanos -en buena medida hermanados a través de las logias masónicas.

Sin embargo, en 1867 pasarían dos hechos cruciales para la ocupación francesa:
(1) los federalistas de la Unión Americana ganan la guerra de secesión, y están ahora sí en mejor posición para ayudar a Benito Juárez con armas y logística, quien se encontraba con un gobierno paralelo instaurado en la población de Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez);
(2) el Imperio Austriaco pierde la Guerra de las Siete Semanas frente a Prusia, por lo que Baviera se anexa a Prusia y con ello se unifica Alemania, lo cual se convierte en la principal amenaza para la seguridad nacional francesa, y con ello dificulta a Francia enviar refuerzos a México para sostener a Maximiliano I de México en el trono. A lo anterior se suma una Austria devastada por la pérdida de la guerra Austro-Prusiana, por lo que tampoco Francisco José (emperador de Austria) está en posición para ayudar a su propio hermano Maximiliano I de México.

Fusilamiento de Maximiliano I de México.
(Óleo de Edouard Manet)
Las amenazas por parte de Francia de retirar sus tropas finalmente se materializaron a principios del año 1866, lo que inició el avance republicano hacía el centro del país puesto que el ejército imperial no contaba con las tropas necesarias para contener su avance. En 1867 Maximiliano I de México reorganizó el ejército imperial, designando a los generales conservadores para altos puestos militares, tales como Miguel Miramón, Tomás Mejía y Manuel Ramírez de Arellano. Sin embargo, al acercarse las tropas republicanas a la ciudad de México, Maximiliano de Habsburgo huyó a la ciudad de Querétaro.
El 6 de marzo de 1867 el General Mariano Escobedo sitió la ciudad de Querétaro; mientras tanto, el General Porfirio Díaz sitiaba la ciudad de México, impidiendo a Vidaurri reforzar las tropas imperiales en Querétaro. Después de 71 días de resistencia, Quéretaro cayó en manos de las tropas de Mariano Escobedo, y el 19 de junio fueron fusilados, en el Cerro de las Campanas, Tomás Mejía, Miguel Miramón y Maximiliano I. Benito Juárez entró a la capital el 15 de julio; había triunfado la republica.

viernes, 26 de noviembre de 2010

PENSAMIENTO POLITICO DEL PAN

Ante los festejos del bicentenario del inicio de nuestra independencia nacional, pasó desapercibido para muchos –incluidos los panistas- la conmemoración del 71 aniversario de la fundación del PAN. Fue un 16 de septiembre de 1939 que un grupo de hombres de vertiente liberal concretaron la creación de un instituto político diverso al Partido de la Revolución creado por Plutarco Elías Calles desde 1929 y que desde sus orígenes sólo denotó el interés espurio de repartir el botín del poder entre los sectores que lo integraban: el campesino, el obrero y el militar.

El Partido Acción Nacional no sólo es el partido más longevo del sistema político mexicano –más que el PRI, que no fue tal sino hasta el año de 1946, antes PRM y PNR-, sino el que durante décadas y décadas hizo más duradera su existencia política en torno a un régimen autoritario tan singular como el mexicano. Como oposición al régimen, al PAN no se le puede tachar de haber sido un partido sistemáticamente opositor a todas políticas públicas impulsadas por el régimen priísta; así, el PAN no sólo apoyó desde el Congreso algunas reformas empujadas por la revolución, sino que en muchos casos vio cristalizadas sus propias propuestas con el voto del partido oficial, como en el caso del voto de las mujeres en 1953.





Desde su fundación el PAN fue, ha sido y es un partido de ideología liberal; a pesar de lo que señalen sus detractores –muchos de ellos provenientes de la propia revolución o de claras tendencias izquierdistas-, el PAN no es un partido confesional, apegado a la Iglesia católica o derechista. Mucho menos es un partido heredero del conservadurismo más radical decimonónico; el PAN fue fundado por profesionistas liberales encabezados por Manuel Gómez Morín que tenían un pensamiento preclaro de los vicios del régimen –en ese momento, 1939, del régimen cardenista fundamentalmente- y se propusieron comenzar a transformarlo desde la institucionalidad, esto es, desde la competencia político-electoral para acceder al poder. Cierto es que con el paso de los años, el partido se fue nutriendo de diversos cuadros que vieron en el PAN la oportunidad de luchar pacíficamente contra el status quo y que, desde su perspectiva ideológica, enriquecieron la vida partidaria. Fue el caso de los llamados UNECICOS, quienes eran un grupo de jóvenes provenientes de las escuelas y universidades católicas con ideas más apegadas a la doctrina social de la Iglesia y a su acción política. Con la conformación de ambos grupos –el liberal y el católico- el PAN enriqueció su debate y posición política frente al sistema, aunque también es justo señalar que dicho debate al interior de la institución fue incluso áspero, luchando unos por mantener la vertiente liberal del PAN y otros por insertar el concierto de ideas cristianas al mismo.
Lo cierto es que la brega de eternidad proclamada por Gómez Morín por aquellos años difíciles del PAN debe ser una constante y una guía para el panismo contemporáneo. Porque si esa brega fue el numen inspirador en los tiempos de la oposición, hoy que el partido es gobierno debe continuar por esa brecha para no claudicar en el ánimo transformador de México. O en palabras de don Luis H. Álvarez, si no nos derrotó la derrota, que no nos derrote la victoria. A 71 años de la fundación del hoy partido gobernante en México, los panistas contemporáneos debemos replantearnos el papel que nos corresponde desempeñar en el contexto actual del país y ver, en Gómez Morín y su vertiente liberal, la referencia para los tiempos que vienen.
Si nuestra referencia inmediata es el pensamiento político liberal gomezmoriniano, el panista que hoy tiene la posibilidad de transformar a México desde el ejercicio de gobierno puede sentirse tranquilo de no caer en la tentación dogmática de otras corrientes al interior del PAN –respetables todas ellas- que propician que seamos vistos por la sociedad y otros actores políticos como intolerantes o reaccionarios. Por supuesto que sí debemos actuar con convicciones firmes apegadas a los valores más esenciales del PAN –democracia, libertad, bien común y respeto a la dignidad de la persona humana-, pero nunca sometidos a los radicalismos que laceran al individuo o a la sociedad misma.
Por una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos, es la proclama del PAN que sigue vigente a 71 años de su fundación; sin duda, un motivo para celebrar, pero también para comprometerse con el destino de México y evitar el dolor evitable que los seres humanos le causan a los propios seres humanos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Primer Imperio Mexicano

Primer Imperio Mexicano

El Primer Imperio Mexicano, periodo que siguió a los Tratados de Córdoba, se extendió desde 1821 a 1823.imperio-mexico-1.jpg
Ejecutada la Independencia de México, el antiguo virreinato derivó en una monarquía constitucional que si bien aumentaba el poder de mexicanos y criollos en la región, no eliminaba la presencia de los españoles en la recién nacida México.
Por otro lado, la corona española se negaba a reconocer la independencia definitiva de la Nueva España, oficialmente aceptada en 1836, hecho que dificultaba que un monarca europeo aceptara la invitación que hacía México a llevar su corona.
Cabe mencionar que ésta fue la época de mayor expansión geográfica de México, ya que a su territorio se sumaron los recientemente independizados de Centroamérica que comprendía, originalmente, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Inmediatamente de ser inaugurado el Congreso Constituyente, entra en conflictos de poder con la Regencia, ya que todo lo concerniente a la administración del Estado debía pasar por éste, declarándose único representante de la soberanía de la nación. El problema estaba originado en las ideas republicanas de parte de los diputados y de la reticencia de algunos grupos de españoles.
Así, en medio de un levantamiento armado, el 21 de julio de 1822 Agustín de Iturbide fue coronado como Agustín I, convirtiéndose en el primer emperador de la nación.
Los enfrentamientos no lograron disolverse sino todo lo contrario. La oposición por parte de los republicanos se hizo efectiva en una conspiración contra el flamante emperador que derivó en el cierre del Congreso por parte de éste y en el intento de crear una nueva junta compuesta por diputados que fueran fieles a su figura y que se encargaran de redactar una constitución.
En febrero de 1823, mediante el Plan de Casa Mata liderado por Antonio López de Santa Anna, se produjo una rebelión, también apoyada por Vicente Guerrero, en la que exigían que el Congreso fuera reinstalado, el Imperio de Agustín, anulado, y que la monarquía deviniera en República, sistema que logra implementarse en 1824.
Producido el Golpe de Estado, finaliza el mandato de Iturbide nueve meses más tarde, abdicando la corona en el Congreso el 19 de marzo de 1823, embarcándose hacia Europa el 11 de mayo.
Finalizada la etapa de Agustín I, Centroamérica se independizó de México e Iturbide fue acusado como traidor por el Congreso.
En el marco de la Segunda Invasión Francesa en México, la siguiente etapa del Imperio estuvo a cargo de Maximiliano de Habsburgo, denominado Maximiliano I, cuyo mandato se extendió desde 1864 a 1867.

REVELACIONES Y ENIGMAS DEL NUEVO MUNDO

.REVELACIONES Y ENIGMAS DEL NUEVO MUNDO


12 de octubre nada para festejar
Algo que los descubridores y colonizadores de América apenas entrevieron, y desde luego no comprendieron, fue el pasado de aquel Nuevo Mundo, que lo era solamente para ellos. El descubrimiento de la riqueza histórica y mítica de aquellas misteriosas tierras comenzó mucho después, abriendo poco a poco asombrosas vía al conocimiento.


Hernan Cortes y Moctezuma II

Esta misión rastreadora llevaría a establecer cómo en América, en mayor proporción que en ninguna otra parte del mundo se descubrían huella de razas y civilizaciones superiores, no relacionadas siquiera con las que habitaban el continente a la llegada de los europeos.

¿De qué fantástica civilización procedían los antepasados de los amerindios? ¿Quiénes fueron y por qué desaparecieron, dejando, esos sí, tanto asombro en los rastros de su historia? ¿Por qué esa historia resulta, aún hoy día, de tan difícil interpretación?

Enormes extensiones de continente americano permanecen todavía vírgenes a la investigación arqueológica. Dificultades del terreno, imponderables meteorológicos y, sobre todo, escasez de presupuestos económicos, impiden despejar los interrogantes históricos de que está erizada esta parte del planeta. Pese a ello, a cada nuevo golpe de piqueta surgen nuevas huellas fantásticas que nos hablan de un pasado maravilloso en el que tal vez se dejó sentir la influencia de civilizaciones venidas desde no se sabe donde. El examen pormenorizado de estos hallazgos nos acerca al "enigma" de América.

PROTAGONISTAS DEL DESCUBRIMIENTO

¿Por qué los descubridores les llamaron "salvajes"? ¿Ocultaban con ello un sentimiento de inferioridad ante manifestaciones culturales superiores, sistemáticamente destruidas?

"El obsequio de las cuentas de vidrio que Cortés hizo a los nobles aztecas aclara inmejorablemente la virtud interior que este soldado mantendrá hasta el final de la conquista: a pesar de sus sorpresa frente a manifestaciones culturales de gran refinamiento, no dudará jamás de que se encuentra en presencia de un pueblo bárbaro cuyo único interés reside en su fabulosa riqueza. En ninguna parte de sus escritos manifiesta la menor inquietud por comprender una realidad que condena irremisiblemente aun antes de acercarse a ellos. Así, apenas nos permite percibirla, cuando ya la ha convertido en ruinas". De esta aplastante realidad parte Leurette Séjourné, eminente arqueóloga de Instituto Nacional de Antropología e Historia de Méjico, para juzgar el comportamiento de los conquistadores españoles a su llegada al Nuevo Mundo, que si en muchas ocasiones fueron recibido y agasajados como dioses, ellos pagaron el obsequio como diablos.

No obstante, la primera imprenta que llegó al Nuevo Mundo se estableció en la ciudad de Méjico en 1539, veinte años después de la llegada de Cortéz, noventa y nueve de la tipografía móvil de Gutenberg y tan sólo setenta y seis del primer impreso fechado en España.

Y mundo nuevo resultó, efectivamente, para el descubridor y sus hombres a sus llegada a Guanahaní, que encontraron, a primera vista, un paisaje exótico y una raza extraña de seres humanos que los recibieron amistosamente.

Cristóbal Colón bautizó como "indios" a estos desconocidos, sabido es que por creer hallado las costas de la India.

Aquellos "indios" naturales, "américos", como comenzaron a llamarlos tanto verbal como ortográficamente los primeros descubiertos, serían, sin duda, los verdaderos protagonistas de la historia, pues sin su existencia y realidad había carecido de sentido el esfuerzo de Colón y su marineros ¿Cómo eran aquellos seres humanos? ¿A qué dedicaban su tiempo y cuál era su régimen d vida a la llegada de los europeos? ¿Quiénes eran socialmente? ¿Y sus costumbres sus viviendas, sus modos de vestir, sus relaciones sexuales y matrimoniales? ¿Qué ocurrió realmente con la llegada de los conquistadores? ¿Cómo realizaban sus ritos religiosos? ¿Y qué comerciaban?...

Todas estas cuestiones forman un conjunto de enigmas que, planteados desde el testimonio excepcional de los cronistas que dieron fe de cuanto vieron y hallaron, se remonta a los orígenes mismos de aquellos pueblos primitivos, autores de su propia historia, de sus mitos y leyendas, que los descubridores sacaron a la luz del mundo occidental no siempre con la interpretación más ajustada.

ISLAS DESIERTAS, PAJAROS HECHIZADOS

La mayor parte de las tierras que encontraron los descubridores a su llegada estaban desiertas. Unas, a causa de su pésima situación en medio del océano, sometidas a fuertes ven toscas y carentes, además de recursos naturales que hicieran propicia la vida de indígenas; y otras, abonadas por los esporádicos navegantes de otras tierras, después de comprobar lo inhóspito de sus costas. El paisaje que pudieron observar los descubridores no podían ser más desolador e inhumano, lo que sin duda contribuyó a aumentar su desconcierto. No encontraron seres humanos, pero sí grandes bandas de pájaros, que los navegantes observaron con cierto estupor, pues no oponían resistencia alguna a ser atrapados y sólo mostraban inquietud si molestaban a sus crías y huevos.

¿Estaban hechizadas aquellas aves exóticas? Incluso los peces, conejos y venados parecían hallarse de igual modo encantados, pues podían ser apresados sin mucho esfuerzo... tal vez entonces fue cuando aquellos asustados marineros comenzaron a creerse ciertamente superiores. Después de tantas penalidades, falta de agua y alimentos frescos, además de las enfermedades padecidas a lo largo de la infinita travesía, la docilidad de los animales fue el primer gesto amable que recibían de la naturaleza.

DIOSES, PERO DE CARNE Y HUESO

Los indígenas recibieron con toda suerte de parabienes la presencia de aquellos extraños seres venidos , para ellos, "del cielo", como la mayor parte de los hechiceros nativos se apresuraron a confirmar.

Los españoles que desembarcaban en las Bahamas y Antillas quedaron sorprendidos al verse adorados como dioses, lo mismo que sucedería más tarde con los europeos que siguieron los pasos de los descubridores; portugueses al Brasil, ingleses a la Carolina, Virginia y Maryland, holandeses el actual Nueva York, o franceses al Canadá y Aracadia.

En lo que a Colón y sus hombres respecta, los nativos de Guanahaní, Cuba, Haití, Jamaica y Puerto Rico celebraron su participación con gran alborozo; pero la naturaleza divina de aquellos navegantes quedaría muy pronto en entredicho, especialmente en lo relacionado con las mujeres, que fueron las primeras en comprobar que semejantes dioses eran de carne y hueso.

Para los nativos de Puerto Rico, los españoles eran "hijos del sol", astro al que dedicaban su culto religioso, lo que significa tanto como la inmortalidad. La muerte accidental de uno de ellos sacó de su inocente convicción a los indígenas.

No obstante, las "milagrosas" curaciones que realizó Cabeza de Vaca con sus propias manos contribuyeron, sin duda, a fomentar la creencia de que los extranjeros tenían poderes sobrehumanos.

El famoso capitán Smith -famoso por sus tropelías y abusos- cuenta cómo los enormes hannocks adoraron a los expediciones ingleses "humillándose" en actitud mística, y narra la "resurrección de un muerto" que hubo de realizar para "demostrar" el origen divino de poder. Otro embaucador del mismo estilo fue Cartier, quien al frente de sus exploradores franceses fue acogido en Hochélaga con sollozos y adorados todos como seres sobrenaturales, razón por la cual presentaron a los galos los enfermos e impedidos de la aldea a donde que los sanasen. Los franceses se burlaron miserablemente de la buena fe de los nativos.

La expedición dirigida por Hernández de Córdoba, al llegar Grijalba y sus hombres el máximo homenaje de su ritual: comer tierra, cosa que sólo hacían una vez al año, con motivo de las grandes festividades religiosas.

En otros lugares, en cambio, los españoles asistieron con espanto al sacrificio de niños, a quienes se les arrancaban directamente el corazón en homenaje a los dioses, con quienes los confundían los nativos. La connivencia de sacerdotes y hechiceros contribuyó en gran medida a alimentar la confusión, de la que, por otro lado, no se sustrajeron los europeos.

HERNAN CORTEZ, ADORADO COMO QUETZACOATL

Apenas llegado a lo que más tarde seria bautizado como Nueva España, Hernán Cortéz fue conducido al templo de Cempoa la, el lugar sagrado de los aztecas y tlaxcaltecas. Para ellos, el recién llegado no era otro que Quetzlcoatl, "el que es como la noche y el viento", el que "creó el cielo, el sol y la deidad de la tierra".

Los presentes que Moctezuma II envió a Cortéz a poco de desembarcar en San Juan de Ulúa, eran propios del príncipe Quetzlcoatl, con quien el emperador de los aztecas confundía al extremeño.

Esta situación, sin embargo, no duró mucho, hasta el punto de que Moctezuma murió apedreado por sus súbditos, cuando trataba de convencer al pueblo para que se rindiera incondicionalmente al invasor. En otras fuentes se dice que fueron los españoles quienes acabaron con la vida del rey, a instancias de los nobles aztecas a los que había perseguido y arruinado Moctezuma II. Tal era el convencimiento del emperador, que no dudó en postrarse junto a sus ministros y hechiceros ante Hernán Cortéz, y comer tierra e incluso sacrificar algunos esclavos su honor.

También los incas del Perú rindieron homenaje a Francisco Pizarro y sus ejércitos, aunque aquí el encanto tuvo menos duración. El recelo, la conducta de los extranjeros, su interés por el oro y mal uso que los europeos de la confianza y amistad que se les brindaba, acabo por enturbiar sus relaciones u originar muchos conflictos.

VICIOS Y VIRTUDES DE LOS SALVAJES

Desde la óptica de los descubridores y conquistadores, los ritos religiosos, las relaciones sexuales, incluso las comidas y entretenimientos de los nativos del Nuevo Mundo, eran pura aberración y, por tanto hechos censurables que era preciso corregir con urgencia y rigor. Tal era el criterio vigente en aquellos años de siglo XV y siguientes, cuando la Santa Inquisición vigilaba escrupulosamente los dominios del catolicismo.

Los testimonios legados a la posteridad tuvieron por autores tanto a los capitanes de los nativos que realizaban la aventura, como a soldados y clérigos que formaban el cuerpo expedicionario. Sus observaciones no siempre son coincidentes, bien por estar unas sobrecargadas de interpretaciones fantásticas, bien por ser otras fruto de un particularísimo interés de presentar las cosas no como eran en su realidad, sino como debían entenderse en la corte.

De cualquier modo, la crónica de aquellos tiempos fue escrita casi exclusivamente por los españoles, y a hombres como Bartolomé de las Casas, Díaz del Castillo o Bernardino de Sahagún, deben el mundo eterna gratitud tanto por su fidelidad como excepcional agudeza a la hora de recoger tradiciones, anotar leyendas y costumbres y referir con admirable objetividad sus hallazgos.

Portugueses (a excepción de Ercilla), ingleses, holandeses y franceses, pasaron por encima de la mitología y de las tradiciones de los denominados "salvajes" sin entenderlas ni transmitirlas, ignorando su significado en la mayor parte de los casos. Los europeos de aquél entonces se caracterizaban más por su saciedad y poca sensibilidad que por su amor a las ciencia naturales, la investigación o la libertad de pensamiento.

Muchos objetos del arte primitivo amerindio fueron convertidos en lingotes o utilizados para fabricar armas, cuando no empleados en la edificación de fortificaciones o simplemente destruidos, como en el caso de estatuillas e imágenes divinas, consideradas heréticas y representaciones diabólicas.

Los españoles denominaron con el nombre genérico de "indios" a cuantos indígenas se tropezaron en sus viajes, sin entrar en consideración de las diferencias raciales existentes entre unos y otros, es decir, entre los habitantes de la Tierra del Fuego, por ejemplo, y los Aztecas de sur de Norteamérica, separados por muchos miles de kilómetros. En sus "Noticias Americanas", editadas en Madrid, 1792, por Antonio de Ulloa, se dice: "Quien ha visto un indio, de cualquier región que él sea, puede decir que ha visto a todos, en lo referente al color de la piel y la complexión del cuerpo. No ocurre lo mismo -aclara el científico sevillano- en los tocante a la talla, que varía en diferentes lugares".

LA BELLEZA FISICA, FACTOR COMUN DE LOS INDIGENAS

Gigantes de dos metros o tribus de pequeños hombres, el factor común del que dejaron constancia todos los cronistas del descubrimiento es la belleza física de los hombres y las mujeres, mayor, si bien se analizan estos juicios, en los varones.

Los españoles, sin embargo, quedaron deslumbrados ante las mujeres y sus encantos libremente exhibidos. Muchas de ellas pagaron muy caramente la libertad que gozaban, como en el caso de las yumas californianas, que fueron pasto de los soldados norteamericanos muchos años después del paso de los soldados españoles. Estos, por su parte, no siempre vieron cumplidos sus deseos de contemplar y hacer suyas a las "mozas desnudas", pues los hombres las ocultaban, siguiendo el dictado de los hechiceros que lo prohibían, para evitar que los extranjeros se apoderasen del espíritu de sus mujeres, cuando lo que en realidad buscaban era bien distinto.

Prendados quedaron de las mujeres de Jalisco, como de las hermosas muchachas de las islas Salomón, más bellas, según establecieron por comparación, que las peruanas.

Los ingleses, sin embargo, menos proclives a valorar la belleza física, propalaron en sus referencias que los indios desprendían un hedor peculiar, desagradable a sus delicados olfatos...

De otra parte a los europeos, ataviados con una vestimenta complicada que no facilitaba precisamente la agilidad de movimientos, la soltura, desenfado y naturalidad de los indígenas no podía por menos de producirles extrañeza. A la belleza física de aquellos cuerpos tostados al sol, se añadía un modo de vestir ajeno a cualquier prejuicio, cuya característica más notable era la ausencia de todo pudor o vergüenza por la obligada desnudez.

Para los indios, el vestido era un adorno para las fiestas, aunque también lo usaban para resguardarse del frío y defenderse de los insectos portadores de enfermedades. A diferencia de otros pueblos primitivos con una cultura desarrollada, los amerindios, por lo general, no se vestían tal y como se entiende en Occidente este concepto. Las jóvenes lucían su hermosura sin otro impedimento que algún abalorio, los que las diferenciaba a simple vista de las mujeres casadas. El traje estaba íntimamente relacionado con las ceremonias, y entre éstas, la de la muerte, de modo que cuando los misioneros iniciaron la campaña de vestir a los desnudos por razones de moralidad, encontraron toda la resistencia de quienes no deseaban ir por el mundo como los difuntos, luciendo sus mejores galas.

Los muertos, además de ricos vestidos y adornos, eran enterrados junto a numerosas y valiosísimas joyas de todo tipo, lo que atrajo enseguida la codicia de los conquistadores. Al profanar las tumbas, descubrieron para qué utilizaban los vestidos los indígenas.

Mientras los españoles buscaban oro y gemas en los sepulcros saqueados, los colonizadores europeos de Francia, Inglaterra y Holanda desnudaban a los cadáveres de sus pieles de castor y arrancaba de sus cuellos las ricas perlas de Wampum, pieles y perlas que adornaban luego a las damas de aquellas lejanas cortes de la carroñera Europa.

DEFORMACIONES Y TATUAJES

¿Por qué se deformaban los indios sus cabezas tan artificiosamente? ¿Qué justificación tenían los adornos y colgantes en las orejas, la nariz, labios y mejillas? Estos signos externos, más los tatuajes y pinturas, no eran sino fórmulas de diferenciación entre indios de tribus vecinas. Los indios comunes no tenían nombre propio, denominándose en razón de determinados distintivos. Así los natchez, los catawba, los tonica..., debían la raíz de su diferenciación externa a la peculiar forma de sus cabezas, en unos casos alargadas artificialmente, y en otros mediante rapados de todo o parte del cabellos.

PIGMEOS Y GIGANTES

Los conquistadores creyeron a pie juntillas la leyenda de antiguos gigantes precolombinos. Por restos de tales tomaron a los animales antidiluvianos de gran envergadura. Pero los gigantes existieron realmente. Según testimonios de los que dan fe los escritos de Cabeza de Vaca y Melchor Díaz del Castillo, indios de Florida y la Carolina alcanzaban una altura superior a los dos metros. Por el contrario, los "pigmeos" del Estrecho de Magallanes, apenas superiores a un metro, con taba asimismo con su propia mitología, como en el caso de los comechingones y trogloditas, indígenas que habitaban en cuevas.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El virreinato de Nueva España

El virreinato de Nueva España

El virreinato de Nueva España fue el nombre que la administración del reino de España le dio a la región del continente americano en los territorios mexicanos y los estados de California, Nevada, Colorado, UTA, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washintong y gran parte de los estados de Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma y Lousiana, así como la parte suroeste de la colonia británica en Canadá, que en el periodo en el que México era colonia de España, es decir, a comienzos del siglo XVI y principios del siglo XIX.
Mapa del Virreinato de Nueva España
Este nombre se lo puso Hernán Cortés a los territorios que conquistó tras la caída definitiva de México –Tenochitlan en manos de los españoles, por las semejanzas que encontró con el reino de España, y esto referido a la combinación de climas, reflejándose en uno y otro caso los climas templados, áridos y fríos.
Este virreinato fue una fuente muy importante de ingresos para el reino de España, en el que había importantes centros mineros como son los de Guajanato, San Luís Potosí e Hidalgo así como centros de exportación de riquezas más escasas en los territorios peninsulares.
Antes de la llegada de los conquistadores españoles a la zona esta estaba dividida en pequeños reinos los cuales tan pronto llegaron los españoles, se aliaron, sobre todo por una especie de temor a los dioses, de terror religioso que invadió a todos los pueblos indígenas. Los españoles a cambio, conservaron los pequeños estados independientes de indios, que aun hoy son la base de muchos estados mexicanos, con cultura propia y con una propia idiosincrasia, que se conserva perfectamente gracias en parte de la estrategia de conquista del imperio de España.
En cuanto a la organización del virreinato decir, que al frente del mismo se establecía un virrey nombrado por el soberano español y en nombre del cual ejercía el poder. A lo largo del tiempo en el que duró el virreinato, hubo 63 virreyes, de los cuales, el primero fue Antonio de Mendoza. Para que el funcionamiento del virreinato fuera el correcto, fue necesario al contrario de lo que los historiadores de antes pensaban la participación y colaboración de los pueblos indígenas. Se trataba pues el virreinato de un sistema de dominio indirecto, en el que se ejercía el poder a través de los caciques indígenas, y de ahí que fuera tan fundamental su colaboración, convirtiéndose esto en el punto fuerte y en el punto débil del sistema.
Para controlar a los caciques indígenas se creó la figura del encomendero, que no eran más que los conquistadores que se instalaban en los territorios conquistados y se encargaban de cobrar tributos. Por cada uno de los antiguos señoríos indígenas se creó una encomendación. Los encomenderos tenían dos obligaciones principales: una, la de controlar a los pueblos indígenas y dos evangelizar a los indios, logrando mayores triunfos cuantos más indígenas evangelizaran.
Precisamente es curioso, pero creemos importante añadir, que la justificación legal y moral de la conquista durante aquel tiempo, era que lo importante no era los pingües beneficios económicos que se obtenían, sino la difusión de la fe católica. Para lograr esto era fundamental la adhesión a la fe católica del cacique principal, porque así el pueblo se adhería con mayor facilidad. La clave principal de esta evangelización “forzosa” fue la conversión de las familias indígenas de los ritos poligámicos a los ritos monogámicos. Para ello hubo que cambiar costumbres y legislación, por lo que fue necesario el apoyo de las autoridades. Esa misma red de intereses creados fue la que transformó los edificios de adoración de dioses indígenas en templos cristianos y conventos, que serían al fin y al cabo lo encargados de propagar la fe católica.

martes, 23 de noviembre de 2010

CASAS REALES DE EUROPA.

                          ¿Cuántas Familias Reales hay en Europa?

Te has preguntado cuantas familias reales hay en Europa? Qué países europeos tienen una familia real?

En Europa, actualmente hay 10 países con un sistema político monárquico, es decir son diez los países del continente con una Corona en el gobierno. Si bien cabe señalar que existen otras tantas familias reales de otros países en el exilio, en esta nota vamos a recorrer las Casas Reales de Europa que actualmente gobiernan los destinos de sus países.

Casa de Borbón

Comencemos por España. Don Juan Carlos I es rey de España desde 1975. Casado con Doña Sofía, a quien muchos no dudan en señalar como “leal compañera de reinado de Juan Carlos”, tuvieron tres hijos y hoy son unos jóvenes abuelos. El heredero, Felipe, príncipe de Asturias, está casado desde 2004 con Doña Letizia Ortiz Rocasolano.

Casa de Wettin

En Bélgica, el heredero de la corona también tiene de nombre Felipe, el duque de Brabant, primer hijo del rey Alberto II y la reina Paola. El rey de Bélgica, al igual que el rey Juan Carlos I, también sufrió en su infancia y adolescencia, el exilio, producto de las inclemencias políticas que asolaron a Europa en el siglo XX.


Casa de Windsor

En el Reino Unido, la Corona es detentada por la Reina Madre Isabel II, a quienes muchos estudiosos igualan en valoración histórica con la Reina Victoria. Casada con el príncipe Felipe de Edimburgo, tiene tres hijos y una hija: el príncipe Carlos, el príncipe Andrew, el príncipe Edward, y la princesa Anne

El mayor de ellos, Carlos príncipe de Gales está actualmente casado con Camilla Parker-Bowlles. Es el heredero en la línea sucesoria, y en caso de reinar usaría el nombre real de Carlos III o –como él mismo ha dicho- Jorge VII, ya que tiene intenciones de usar el nombre de su abuelo.

El hijo mayor del príncipe de Gales y de la siempre querida Lady Di, el príncipe Guillermo, es en quien están todas las miradas dada la excelente salud y vitalidad de la Reina Madre.

Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg
La monarquía danesa es, en términos de permanencia, la más antigua de Europa. Con mil años de historia y 50 reyes y 2 dos reinas continuadas en la línea de sucesión, por primera vez una mujer ocupa el Trono en Dinamarca por derecho propio desde la Edad Media. Margarita II asumió el reinado a los 31 años, tras el fallecimiento de su padre en 1972. Su hijo, el príncipe heredero Frederik será el primer rey danés con título universitario.

Casa de Liechtenstein

 

El Príncipe Hans Adam II es, según la constitución del Principado de Liechtenstein, el Jefe de Estado. Casado con la Princesa Marie tiene cuatro hijos, el mayor de ellos, el príncipe Alois, es el heredero del trono.

Casa de Nassau-Weilburg
En Luxemburgo, el Trono es ocupado por el Gran Duque Henri desde el año 2000. Casado con la Gran Duquesa María Teresa, tienen cuatro hijos y una hija. El príncipe Guillermo de Luxemburgo (nacido el 11 de noviembre de 1981), es el heredero del gran ducado.

Casa de Grimaldi
Mónaco es, detrás del Vaticano, el país más pequeño del mundo. El príncipe Alberto II asumió el trono del Principado, tras el fallecimiento de su padre, el príncipe Rainiero III, en el 2005. Aunque soltero, ha reconocido como hijos suyos a los menores Alexandre Coste y Jazmín Grace Rotolo, fruto de relaciones pasadas.

Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg
El rey Harald V es, tras 567 años, el primer rey nacido en Noruega. Casado desde 1968 con la reina Sonja, tiene dos hijos: la princesa Märtha Louise y el príncipe Haakon.

Casa de Orange-Nassau

En Holanda, la Reina Beatriz estuvo casada con el diplomático Claus von Amsberg, fallecido en 2002. Tuvieron tres hijos, Willem-Alexander, Johan Friso y Constantijn. El mayor de ellos, el príncipe Willem-Alexander, casado con la argentina Máxima Zorriegueta, es el heredero de la corona.

Casa de Bernadotte

En Suecia el Trono es ocupado por el Rey Carl XVI Gustaf y la Reina Silvia. La pareja real tiene tres hijos: la Princesa heredera Victoria, el Príncipe Carl Philipy la Princesa Madeline.